lunes, 2 de enero de 2012

De Dante a Miguel Ríos


He persistido en La Divina Comedia, que se pone más pesada a medida que se acerca uno al Paraíso, ¿sería que el autor se proponía disuadir al lector?

No, no lo creo, es que así se escribía entonces y por eso uno necesita que alguien más leído llene cada canto de llamadas aclaratorias para entender lo que está leyendo.

Entre Navidad y Año Nuevo últimos llegué hacia el final del Purgatorio. En el Canto XXX, ya dentro del Paraíso Terrenal, unos ángeles (o algo así) cantan un fragmento del Cantar de Los Cantares, y ese poema de amor me encanta, así que dejé a Dante para tomar la Biblia uno o dos días, incluso me la llevé a la oficina para poderla leer en el bus.

Pero de eso hablaré en otra entrada.


Ahora me provoca más lo que leí luego, y hoy he releido. Decía, ya en el Paraíso Terrenal (que no es el Paraíso donde viven Dios y unos pocos elegidos, sino el jardín del Edén, de donde fueron expulsados Adán y Eva), Dante ve a una divinizada Beatrice, que se le presenta de fantástica forma aunque todavía con un velo que le cubre el rostro.

Él la reconoce de todos modos, siente de nuevo todo el estremecimiento de ese antiguo amor, y se da vuelta para comentárselo a Virgilio, su guía desde fuera del Infierno a través de todo éste y el Purgatorio.

Pero Virgilio ya no está, pues como nació antes de Cristo le está vedado el ingreso a esas altas zonas, y Dante, asombrado por las bellezas del Paraíso Terrenal, no se había dado cuenta de que su maestro ya no estaba a su lado.

Entonces llora, pero Beatrice lo reprende:

“Dante, no así de lágrimas tributo
de Virgilio a la ausencia des ahora;
a otra pena mayor debes el luto.”

Otra vez el eco familiar de algo distinto: 200 años más tarde de Dante, Boabdil el Chico, último rey árabe de Granada, pierde el reino en guerra con los castellanos. Al abandonar la ciudad para ir a su destierro, vuelve la cabeza y al contemplar por última vez su ciudad, se pone a llorar.

La sultana Aixa, su madre, le dice entonces “Llora como mujer lo que no supiste defender como hombre”.

Duras palabras de quien se hubiera esperado consuelo; Borges (de quien las aprendí) las describe como una ”áspera reconvención”; dicen otros que son un invento para desacreditar a Boabdil. No importa, 400 años después ya da lo mismo que sean verdad o no (eso me lo enseñó Borges, también).

Para mí fueron la puerta a varios recuerdos: Pasajes de inapreciables comentarios borgianos, por ejemplo, pero en especial a un cantante granadino nacido poco antes de la mitad del siglo XX: El entrañable Miguel Ríos.

En los años 80 conocí su trabajo, y con los amigos era infaltable un desafinado concierto bastante borracho los fines de semana. Si alguno lee esto (ojalá), lo va a recordar y a comentar (espero).

Bueno, una canción de Ríos, de las muchas que no salían en la radio pero algunos de nosotros conocíamos, es “Boabdil el chico (se va al norte)”. Un video de la TV española de los años 80 se puede ver en http://www.youtube.com/watch?v=qos2sqvuk5U

La canción habla de sí mismo, del joven Ríos abandonando Granada para irse a Madrid a buscarse la vida. Es una canción de migrante que triunfó, como otras que suenan en chicha en Lima, pero eso puede ser otra entrada también, esta ya va bastante larga y aún me da por pegar la letra de Miguel Ríos:

Aún recuerdo Granada
en la bruma de mi niñez,
yo era Boabdil jugando a perder
en el monte Sombrero,
que está junto al Albaicín,
al atardecer lloraba por ti.

Oh... adiós amor
adiós Granada
oh... el viento del sur
me aleja de casa.

Y me rompe el corazón,
me atraviesa la garganta
y como al niño Rey Boabdil
la pena me mata.

Veo la Silla del Moro
y la sierra que queda atrás,
veo la Alhambra que flotando se va.

En mis ojos se funde
la imagen de mi ciudad,
roja y cálida desde la estación.

Oh... adiós amor...

Y aunque sé que volveré
harto de gloria y de frío
también sé que ya nunca seré
Boabdil el chico
porque aquí en este tren
se endurecerá mi sino,
voy tan tejos que al volver
ya no seré un niño.

Oh... adiós amor...

En Atocha me bajé
con un miedo africano,
boquiabierto en el andén,
la pasta en la mano.
Y vagué por la ciudad
extasiado en el bullicio
en un día frío y gris
y Madrid me quiso.



En esas jóvenes épocas, a mí la canción me daba el friecito de la futura independencia, de lo que lograría y de lo que no con mi vida. Tenía esperanzas de escribir, vaya, pero el tráfago de la vida que llevé, y luego el de la supervivencia, me lo impidieron. Heme aquí ahora, más de 25 años después, escribiendo finalmente, no cuentos ni novelas sino intimidades librescas. Algo es algo.

4 comentarios:

  1. Empece a escribir un comentario y no se donde se fue. Bueno, lo que decia es que tengo envidia de tu habilidad e interes por la literatura clasica en Español. Por mis años alejado de un Español 'avanzado' me temo que se me hace muy dificil comprender lo suficiente para disfrutar de estas palabras como lo haces tu.

    Ezequiel, pareciera que mientras mas viejo se va haciendo uno mas son las cosas que queremos apurarnos por hacer antes que sea demasiado tarde.

    Gracias por compartir. 'Y aunque sé que volveré harto de gloria y de frío también sé que ya nunca...' podre entender como antes el idioma de Don Quixote :-)

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  2. Hola, muchas gracias.
    Cierto, uno ya ve que hay menos tiempo y se apura, tienes toda la razón.
    Jajajaja, no pierdas la esperanza, todo escosa de practicar. Muchas gracias por comentar.

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  3. Hola, Ezequiel!

    Hablando de cantantes granadinos, se me ocurre que quizás no conozcas a Carlos Cano, fallecido en el 2000, mientras yo estaba en Chiclayo. Una gran pérdida y si lo escuchas creo que coincidirás:
    http://www.youtube.com/results?search_query=carlos+cano (espero que en este blogspot funcionen las etiquetas HTML).

    Ahí queda! :-)

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  4. Gracias, Ismael, allá voy a escuchar, a aprender.

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